Vuelve a la memoria, una tarde de aquellas, a la salida del cole, simple y llanamente impensable, si bien no recuerdo fue Silvy…, claro ella fue, la quien me dijo, “¡Oye mira, te están llamando!”. Y claro que cuando doy la vuelta, estaba allí, en la esquina del final de la avenida, donde solíamos tomar el bus en grupo, me había estado pasando la voz ya hace buen rato, pero por la chacota de los amigos y amigas, ni cuenta me di.
De prisa y ante su seriedad, subí al auto, soy sincera pero no recuerdo el saludo, trato pero no recuerdo, pues lo que más maquina mi mente es aquel silencio… un silencio interminable porque se inició ni bien subí al auto.
La verdad durante todo ese trayecto me hubiera gustado decirle lo feliz que estaba por haberme ido a recoger a la salida del colegio, pero no fue así, será que me preguntó como me fue ese día en el colegio, la verdad no lo recuerdo… porque el silencio tapa ese recuerdo y consume lo que pude o dejé de decir; lo que sí recuerdo con claridad es que el trayecto a casa se hizo infinito, así como ese silencio infinito.
Te quise decir, ¡Papá no sabes cuanto te quiero y lo mucho que significas para mí!, pero la verdad, en ese momento tampoco cruzó por mi mente esa frase, supongo que también fue parte de ese silencio, silencio, … silencio, que sólo terminó cuando llegamos a la entrada del bosque ... al portón de la casa, silencio que se rompió con la quietud del motor del auto y escuché con emoción decir, ¡Hijita por favor, saca la bolsa de pan que está en el asiento trasero!.
martes, 23 de marzo de 2010
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Catarsis, posiblemente; pero de lo que sí estoy segura, es que viene atormentando y torturando mi mente...!!!
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